Los CMS no han muerto, pero mi web ya no tiene uno

He rehecho danielpena.es. Ya no hay WordPress, ni Elementor, ni panel de administración. Cuando quiero cambiar algo, lo pido en una conversación con Claude Code, lo reviso y lo publico. Lo que antes era entrar en Elementor y pelearme con los bloques ahora es una frase. Y lo de pelearme os aseguro que ha estado cerca de no ser una metáfora, qué infierno.
El hosting es el mismo de antes. No he pagado más. Y aun así la web carga más rápido, tiene mucho menos que atacar y no hay plugins ni actualizaciones que mantener. En PageSpeed saca 98 en rendimiento en móvil y 100 en ordenador, y 100 en accesibilidad, buenas prácticas y SEO en los dos. Oh, yeah.
A ver, los CMS existen para que alguien que no programa pueda cambiar su web sin tocar código. Al menos esa ha sido siempre su promesa. Esa comodidad tiene un precio: la web es más pesada, tiene más puntos por los que atacarla (hasta a mí me ha pasado) y hay que actualizarla a menudo. Durante veinte años compensaba, porque la alternativa era depender de un programador para cada cambio. Ahora ya no hace falta elegir. Pido el cambio con mis palabras, la IA lo hace en el código y yo lo reviso.
Hay una parte que me interesa más que la velocidad. Cada vez más gente no te busca en Google, le pregunta a una IA quién eres o a quién contratar. Y la IA responde con lo que ha entendido de ti. Así que la web está pensada también para que la lean los LLM: que entiendan quién soy, qué hago y con quién he trabajado, sin trucos y sin enseñarles algo distinto de lo que ve una persona. El propio PageSpeed ya lo mide, y en navegación agéntica da 3 de 3. Es mi tarjeta profesional y, a la vez, un experimento sobre cómo me interpretan las IAs. ¿Lo necesitaba? No. ¿Me lo he pasado genial aprendiendo a hacerlo? Mucho.
Eso sí, esto no es para todo el mundo. Si tienes un equipo publicando cada día o un eCommerce con miles de fichas, un CMS sigue teniendo todo el sentido. No, este camino no sustituye a Shopify, pero se me ocurren pocos WordPress que no sobren.
Y conviene contarlo bien, porque se cuenta mal. La IA no ha eliminado el trabajo, lo ha movido de sitio. Ya no está en saber usar la herramienta. Está en saber qué pedir, revisar lo que te devuelve y entender qué estás publicando. El código lo escribe la IA. El criterio sigue siendo humano. Más o menos.
Por cierto: la web, y este post, están hechos exactamente así.